Un repaso por el origen de la rosca, desde su desembarco en el puerto hasta su transformación en un ritual casero ineludible.

Aquellas familias que desembarcaron hace más de un siglo trajeron las técnicas de fermentación necesarias para dar vida a este panificado. Al establecerse, fusionaron sus conocimientos con la calidad de los ingredientes locales, permitiendo que la receta evolucionara y se diversificara. Lo que inicialmente se compraba en comercios especializados, terminó por ser un proyecto familiar en las cocinas de cada barrio, donde el aroma a esencia de vainilla y azahar marca el ritmo del festejo.
Degustar esta pieza de repostería hoy es, en esencia, una forma de honrar el mestizaje cultural que define a nuestra sociedad en cada celebración religiosa.
