Gisela Salvo, referente de la feria de Lomas de Zamora, relata cómo el oficio fue su refugio tras la crisis del 2001. «Cada pieza es única e irrepetible», afirma.
En el corazón de Lomas de Zamora, la feria de artesanos de la Plaza Grigera se encamina a celebrar su 45° aniversario consolidada como un emblema de identidad local. Gisela Karina Salvo, quien trabaja en el espacio desde el año 2000, es testigo de la evolución de una de las pocas ferias de artesanos auténticos que logran sobrevivir en el Conurbano bonaerense.
Gisela comenzó en el rubro tras la crisis económica que afectó a su familia y hoy es especialista en «cuadros vivientes», piezas que combinan agua y polvo de piedra con intervenciones plásticas. El espacio, que reúne a unos 70 feriantes, se sostiene de manera autogestiva y resiste un contexto económico complejo donde la caída del consumo golpea directamente al trabajo manual. A pesar de las dificultades, los artesanos destacan las mejoras en infraestructura y el acompañamiento municipal para diferenciar la artesanía de la reventa.
La feria se prepara para un año de festejos, reivindicando el valor de la pieza hecha a mano «desde cero».
