Tras dar la sorpresa en la primera vuelta con el 47% de los sufragios, el candidato del Partido Liberal buscará sumar el apoyo de los postulantes de derecha, mientras que el actual mandatario nacional monitorea a los más de 30 millones de brasileños que no concurrieron a votar de cara a la definición del 25 de octubre.
Con el tablero político totalmente sacudido tras los comicios de este domingo, Brasil puso en marcha una nueva e intensa campaña electoral de cara al balotaje que se disputará el próximo 25 de octubre, enfrentando al opositor Flávio Bolsonaro y al actual presidente Lula da Silva.
CUERPO DE LA NOTA: Escrutado el 100% de los votos, el candidato del Partido Liberal (PL) y primogénito del expresidente Jair Bolsonaro se impuso en la primera vuelta con el 47,03% de los sufragios (más de 56,1 millones de votos), superando al mandatario y líder del Partido de los Trabajadores (PT), quien obtuvo el 45,16%. Los resultados significaron un duro golpe para el oficialismo y dejaron en evidencia un nuevo fallo de las principales encuestadoras, que vaticinaban una ventaja previa para el referente petista. Además, Lula sufrió una merma de casi 4 millones de votos en comparación con las elecciones de 2022 y perdió bastiones clave en las regiones del sur y sudeste del país.
De cara a las tres semanas proselitistas que definirán el futuro ideológico del vecino país, el escenario favorece inicialmente al senador de 45 años. Por un lado, Bolsonaro cuenta con la inercia de la victoria y la expectativa lógica de sumar por afinidad ideológica los sufragios de los candidatos de derecha Ronaldo Caiado, Romeu Zema y el antisistema Renan Santos, quienes acumularon más del 5% en la primera vuelta. Asimismo, el espacio liberal consolidó un fuerte poderío parlamentario al consagrar 19 nuevos escaños y alcanzar un total de 28 bancas en el Senado frente a las nueve que retuvo el PT. Por su parte, el equipo de Lula diagramó una estrategia centrada en rastrear e interpelar a los más de 30 millones de electores que se abstuvieron de concurrir a las urnas, en un intento desesperado por revertir la tendencia adversa antes de la cita definitiva del 25 de octubre.
Una recta final apasionante que definirá el rumbo geopolítico y económico de la mayor potencia de Sudamérica.
