Diego Valenzuela fustigó la falta de gestión en el límite regional mientras que el oficialismo de Lucas Ghi lo acusó de vivir en otro mundo
Las disputas territoriales e institucionales entre los diferentes signos políticos que gobiernan los municipios de la zona oeste del conurbano suelen emerger con fuerza cuando se analizan las condiciones de infraestructura de las principales arterias de conectividad interurbana. Para los editores y portales de noticias de la provincia de Buenos Aires, el debate en torno al estado de conservación de los corredores viales provinciales no solo expone deficiencias operativas crónicas, sino que también funciona como un catalizador de posicionamientos políticos y chicanas cruzadas en un escenario marcado por la necesidad de optimizar los recursos públicos locales y garantizar la seguridad de miles de conductores que transitan diariamente por la región.
La controversia se desató en la estratégica intersección de la Ruta 4 con la Ruta 201, un sector neurálgico conocido popularmente como la «triple frontera» que involucra las jurisdicciones de Morón, Tres de Febrero e Hurlingham. El disparador de la polémica fue el actual senador provincial y exintendente Diego Valenzuela, quien apuntó de forma directa contra las autoridades moronenses al sostener que los jefes comunales no pueden desentenderse del entorno de la traza, denunciando fallas graves en materia de iluminación, control frentista y erradicación de volcados ilegales de residuos. La respuesta oficial del municipio conducido por Lucas Ghi llegó a través del secretario de Planificación Estratégica, Guillermo Pascuero, quien descalificó las críticas legislativas.
El conflicto puso de manifiesto la complejidad de coordinar políticas de saneamiento en las zonas limítrofes del entramado bonaerense.
