Un alarmante informe de Human Rights Watch revela que los ciudadanos de la isla enviados a territorio mexicano enfrentan graves dificultades para subsistir. Pese a haber residido décadas en Estados Unidos, sufren la falta de documentación, empleo y asistencia médica.
La drástica reconfiguración de las políticas de expulsión en América del Norte expone la cara más cruda de los acuerdos migratorios bilaterales. Un exhaustivo relevamiento de las organizaciones de control internacional encendió las alarmas al desnudar las precarias condiciones de vida que padecen miles de personas desplazadas forzosamente hacia terceros países, desprovistas de recursos mínimos y atrapadas en un laberinto burocrático que les impide regularizar su subsistencia diaria.
Un informe de Human Rights Watch reveló que un número récord de ciudadanos cubanos deportados de Estados Unidos por el gobierno de Donald Trump viven en un “limbo legal indefinido” en suelo mexicano. En lugar de ser repatriados a su país de origen, son enviados a México, donde llegan con escaso dinero o documentación, terminando en muchos casos habitando en las calles. El grupo descubrió que estos deportados, muchos de ellos adultos mayores que residieron durante décadas en Florida, sufren severas dificultades para hallar alojamiento o recibir atención médica. Al no poder regresar a Cuba —nación que rechaza a personas con antecedentes penales—, ni trabajar o trasladarse legalmente por territorio mexicano, quedan desamparados.
Las agrupaciones civiles de la región exigen una revisión urgente de los protocolos de acogida para frenar el deterioro social en las ciudades del sur mexicano.
